Crear un sabor es una experiencia que proyecta el talento de un saborista para interpretar cada aroma y transcribirlo a través de una sucesión de materiales que hacen sinergia para plasmar el desarrollo de perfiles muy especiales en cada fruto, vegetal y alimento procesado, usando materiales reportados en los análisis de los mismos. Su éxito depende de la disciplina del saborista y del conocimiento de la dinámica creativa para armar la parte principal del sabor, generalmente se hace sumando muchos químicos aromáticos en la manera que desarrolle el aroma.

La perfección está en la calidad de cada componente y sobre todo la posibilidad de contar con más materias y nuevas moléculas tanto ésteres como ácidos y compuestos sulfurados, mercaptanos, combinados con extractos destilados de las mismas frutas encontradas dentro del desarrollo. Cada saborista va creando su manera de innovar y construir sabores y de ahí se deriva su maestría. Sin duda, lo más complicado de su labor es el rebalance del producto, lo que llamamos “los toques más finos del sabor” que hace la diferencia, es decir, son las notas que hacen la calidad de los sabores.

Actualmente contamos con herramientas que nos ayudan, como la cromatografía de gases que nos permite reconocer las moléculas más relevantes; el corazón del sabor. Al final del proceso, hacemos un análisis sensorial donde varias pruebas con panelistas muy calificados nos indican que tan alejados estamos de los mismos sabores.

En Etadar estamos haciendo mucho énfasis en sabores tropicales distintivos de México tales como zapote, mamey, granada y nanche. Estos sabores protagonizan el día de hoy una gran diversidad de auténticos productos mexicanos.